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Construcción y Ley: Expertos en Derecho de la Construcción
Contexto del Mercado: la terminación anticipada llega sin la señal de alarma que sí dispara una rescisión. No hay imputación, no hay defensa que preparar —y por eso el acta se firma sin revisar. Ahí se pierde el derecho de recuperación que la figura sí reconoce.
Nuestra Experiencia: en 60 años de práctica en derecho de la construcción, en COMAD, S.C. hemos visto que la terminación anticipada es la figura peor administrada de la obra pública. No porque sea compleja, sino porque llega sin alarma. La constructora se defiende cuando la acusan; se relaja cuando la liberan. Y es al liberarla cuando tiene más que reclamar.
Lo que aprenderás: qué distingue la terminación anticipada de la rescisión administrativa y por qué la diferencia es económica y no semántica, cuáles son los conceptos recuperables que la mayoría de las constructoras no reclama, y cómo se integra el expediente de recuperación mientras el contrato todavía está vivo.
La terminación anticipada no imputa incumplimiento alguno a la constructora: la dependencia da por concluido el contrato por causas propias. Esa ausencia de reproche es justo lo que la vuelve peligrosa, porque se firma sin revisar. La discusión, entonces, no es sobre la terminación. Es sobre el derecho de recuperación que se abre con ella y sobre quién lo ejerce a tiempo.
En ambos casos el contrato se termina antes de tiempo y la obra queda sin concluir. Ahí acaban las semejanzas.
Parte de un incumplimiento imputable al contratista. La dependencia sostiene que la constructora no cumplió, y por eso da por terminado el contrato. Es un procedimiento de naturaleza sancionatoria: hay una imputación, un derecho de audiencia para desvirtuarla y consecuencias adversas si prospera —desde la ejecución de garantías hasta afectaciones para contratar en el futuro.
Aquí la constructora está en posición defensiva, y lo sabe. Nadie recibe una rescisión y la archiva sin llamar a un abogado.
Aquí no hay incumplimiento del contratista. La dependencia da por concluido el contrato por causas propias: reasignación presupuestal, cambio de prioridades, un supuesto de interés general, condiciones que hacen inconveniente continuar.
No es una sanción. Es una decisión de la administración que interrumpe una relación contractual que iba bien. Y como no hay nada de qué defenderse, se firma sin revisar.
Ese es el error. Precisamente porque la terminación no es imputable a la constructora, el ordenamiento le reconoce un derecho de recuperación que la rescisión no contempla. Reaccionar como si te estuvieran acusando —o peor, no reaccionar en absoluto— deja ese derecho sin ejercer.

Conviene aterrizarlo, porque en la práctica el equipo de obra vive las dos como «se cayó el contrato».
En la rescisión, la conversación es sobre responsabilidad: quién incumplió y qué consecuencias tiene. En la terminación anticipada, la conversación es sobre recuperación: qué invirtió la constructora que ya no va a poder amortizar, y cómo se le reintegra.
Son dos expedientes distintos, con lógicas distintas. Armar el segundo con la mentalidad del primero es lo que hace que una constructora salga de una terminación anticipada habiendo recuperado únicamente lo que ya tenía estimado.
Cuando revisamos expedientes de terminación anticipada, el patrón se repite: la constructora reclamó la obra ejecutada y se detuvo ahí. Es lo evidente, y es solo una parte.
La normativa aplicable reconoce el reintegro de gastos no recuperables, con los requisitos y las limitaciones que ella misma fija. Lo que sí podemos decir, por lo que vemos en la práctica, es qué se queda fuera por no documentarse:
Sobre este último punto vale una advertencia: es el más difícil de sostener y el que más se rechaza cuando se presenta sin método. La diferencia entre un concepto reclamable y una cifra desestimada casi siempre está en si existe un criterio de cálculo explicado y consistente, no en si el costo fue real.
Esta es la parte incómoda del artículo, porque la mayoría lo lee cuando el oficio ya llegó.
El expediente de recuperación no se construye después de la notificación. Se construye durante la ejecución, y la notificación solo revela si existía o no.

Este último punto conecta directamente con algo que ya hemos tratado: una reserva sirve cuando identifica el concepto, lo cuantifica o explica por qué todavía no puede cuantificarse, invoca su fundamento y señala dónde consta, y queda asentada en el documento que se firma. Una anotación genérica al margen del acta no cumple ninguna de las cuatro condiciones.
Firmar o no firmar no cambia la decisión de la dependencia, que es un acto propio de la administración. Lo que sí está en tu control es cómo firmas: con el corte de obra documentado, con los gastos no recuperables cuantificados y con reserva expresa de lo pendiente. Firmar sin nada de eso es lo que cierra la puerta; negarse a firmar, por sí solo, no la mantiene abierta.
No de la misma manera que una rescisión. La rescisión parte de un incumplimiento imputable y puede traer consecuencias adicionales; la terminación anticipada obedece a causas de la dependencia y no supone un juicio sobre tu desempeño. Es una razón más para no tratarlas igual internamente.
Deben liberarse conforme a lo que el contrato y la normativa prevean, una vez cerrados los temas pendientes. Conviene tenerlo presente desde el inicio del proceso: una garantía que sigue viva mucho después de que el contrato terminó es exposición que ya no tiene razón de ser, y liberarla suele requerir que alguien lo gestione activamente.
Existen plazos y formalidades para presentar la solicitud, y son de los puntos que conviene verificar en cada caso concreto contra la normativa aplicable y el propio contrato. La recomendación práctica es no esperar: la integración del soporte toma más tiempo del que se calcula, y hacerlo mientras el equipo de obra sigue disponible es mucho más fácil que reconstruirlo meses después.
La posición se debilita, igual que con un finiquito firmado liso y llano. Depende de qué se firmó exactamente, de si el concepto era determinable en ese momento y de qué otros documentos existan. Es un terreno más difícil y más caro que haber reservado a tiempo, pero conviene revisarlo antes de darlo por perdido.
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